jueves, 25 de junio de 2015

Antonio López: “Voy a pintar Bilbao ya; lo quiero con luz y sol”




Pocos directores tienen el privilegio de grabar a un artista en plena creación. El cineasta vasco Víctor Erice lo consiguió en la década de los 90 y desveló el proceso creativo de Antonio López (Tomelloso, 1936), a través de la pintura de un membrillero de su jardín. 25 años después del estreno de esta película de culto, ambos creadores volvieron a reunirse ayer en el auditorio de Azkuna Zentroa, dentro del ciclo que el espacio cultural dedica al cine del director vizcaino.
“No me gusta ver esta película, quizás cuando sea más viejo... Lo paso mal viéndola (se emociona). Enfrentarme al pasado es doloroso, está todo mi mundo, mi familia, mis amigos... Algunos ya no existen. Sé que tiene mucha belleza pero creo que es un regalo hecho para los demás. Está hecha con mucha inteligencia, con mucha entrega y generosidad por parte de todos los que intervenimos empezando, por supuesto, por Víctor”, confiesa Antonio López en una entrevista, momentos antes de comenzar el encuentro entre los dos viejos amigos.
Hacía ya algún tiempo que no venía a Bilbao.
-Ahora vendré con más frecuencia porque quiero hacer una pintura, un retrato de la ciudad, en el que la ría tiene un gran protagonismo, una ría que va hacia el mar. El espectador mira hacia el mar, en cuanto te apartas a la izquierda o la derecha la ría desaparece.
¿De qué color va a pintar la capital vizcaina?
-Tengo que empezar el cuadro ya, con buen tiempo. Tiene que haber sol porque es la única luz con la que se puede pintar de una forma continua. Un día nublado puede tener muchas variaciones, yo no me siento capaz de trabajar con nubes. Mi intención es elegir un momento del día, por la mañana o por la tarde. Ya lo decidiré al empezar el cuadro. Voy a traer el material aquí y lo comenzaré próximamente desde lo alto de la Torre Iberdrola. He visitado varias zonas de la ciudad pero tengo muy claro que tiene que ser desde ahí.
Ha confesado en alguna ocasión que Bilbao le parece misterioso...
-Yo he trabajado siempre en Madrid y en Tomelloso, y ahora quiero bajar a Sevilla y subir a Bilbao para así dar una visión más amplia de mi trabajo, de lo que es esta tierra.
Hoy (por ayer) se ha reencontrado en esta ciudad con un viejo amigo, con Víctor Erice.
-El encuentro ha sido muy emotivo, rodar esta película juntos fue un proyecto tan interesante como atormentador, muy complicado. No había guion, se rodaba sobre la marcha, no sabíamos lo que podía pasar cada día. Yo no sabía el tiempo que tendría para trabajar en ese cuadro, en ese dibujo, que era el motivo de la película... Todo se fue creando día a día, eso exigió a Víctor un esfuerzo y una agilidad mental, una imaginación y una fuerza realmente enorme. En la pintura se puede hacer así, en realidad se ha hecho desde el impresionismo porque si no sale como quieres, no pasa nada. Pero en el cine cuesta mucho dinero, aparte de la energía física que requiere. Y esa aventura tan extremada es peligrosísima y Víctor la aceptó.
No le gusta ver ‘El sol del membrillo’. ¿Le preocupa el paso del tiempo, el mismo tiempo que lleva décadas empeñado en detener con sus pinceles?
-El tiempo pasa para todos, pero el paso del tiempo siempre está bien, yo no lo cuestiono. Pero ver esta película me crea zozobra, inquietud. En la película aparece Mari (su mujer), está todo mi mundo, mis amigos, mi jardín, los árboles que yo planté... Y muchos de mis amigos que ya no existen y los que hemos quedado estamos 25 años más viejos.
¿Y como artista? ¿Qué queda de aquel Antonio López que protagonizó esa película?
-Sigo pintando con mucha entrega y noto que puedo seguir pintando.
¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?
-Principalmente, seguir trabajando, empezar esos nuevos cuadros que me hacen mucha ilusión. Exigen un esfuerzo complementario porque tienes que trasladarte kilómetros arriba y abajo pero sigo trabajando con la misma emoción que el primer día y me siento más libre que cuando era joven.