domingo, 2 de noviembre de 2014

“El Guggenheim ha sido pionero en un modelo que han seguido museos como el Louvre o el Pompidou”



2014 está siendo un año muy especial para el Guggenheim Bilbao. “Es un año importante para el museo porque supone la finalización del primer periodo de vigencia del acuerdo de gestión, uno de los dos acuerdos que regula la relación entre el Guggenheim Bilbao y la Fundación Guggenheim de Nueva York. Y también es un año estratégico porque marca el ecuador de la visión que definimos en 2009 con el horizonte de 2020. Ahora debemos hacer un análisis de lo que hemos hecho estos años y ver lo que tenemos que hacer en los próximos”, asegura su director general, Juan Ignacio Vidarte, que ha estado en contacto con el proyecto desde el inicio de las negociaciones para crear en Bilbao un museo en colaboración con la Fundación Guggenheim de Nueva York. 
Se cumplen 17 años desde que el Guggenheim Bilbao abrió sus puertas. Se podría decir que ha dejado de ser un adolescente para convertirse en adulto. ¿Objetivos cumplidos?
-Afortunadamente, el museo ha cumplido sus objetivos con creces. Es un dato positivo para nosotros y también para Euskadi, porque el Guggenheim fue una apuesta de País. Que los datos sean buenos nos da una gran satisfacción, pero también refuerza la apuesta que realizaron las administraciones vascas entonces. El Guggenheim no es solo un edificio extraordinario, o una colección de arte, aunque tengamos una colección y una programación extraordinaria; tampoco es solo un modelo de gestión innovador, que ha demostrado que es sostenible. Es el conjunto de todo eso, de ese conjunto de variables que evidencian que funciona no solo un año, ni dos, sino 17. Eso nos da tranquilidad para afrontar el futuro con garantías. 
¿Cree que ha dejado de ser ya una marca foránea? Alguien ha dicho que ‘Guggenheim’ ya es una palabra vasca...
-Es verdad que el museo se siente muy respaldado, tiene más de 16.000 amigos que viven -en su mayor parte- en el entorno más cercano, cuenta con de 100 empresas que le dan un apoyo permanente porque lo consideran suyo. Guggenheim Bilbao es un elemento y factor de identidad de este País en el mundo. Precisamente, esta semana he visto en ETB un documental muy bueno sobre la presencia vasca en Estados Unidos. Entre las personas que aparecían estaba Joseba Zulaika, que tuvo al principio una posición muy crítica frente al museo. En el documental, Zulaika contaba que los vascos que viven allí, cuando miran a Euskadi y piensan en su casa, piensan en el Guggenheim Bilbao. Y eso me tocó la fibra.
Precisamente, la semana pasada, el Patronato ratificaba los principios del acuerdo entre el Guggenheim Bilbao y la Fundación Solomon R. Guggenheim. Bilbao tendrá Guggenheim hasta el año 2034, por lo menos.
-Esto es una buena noticia. Se han ratificado unos principios que ya se habían presentado en el Patronato de Nueva York hace unas semanas, que deben formar la esencia que se debe articular en un texto, que se firmará antes del 21 de diciembre. El acuerdo no está firmado pero sí las bases que le van a dar soporte. De momento, tenemos el traje cortado y el patrón definido y ahora hay que coserlo.
¿Ha habido buena sintonía entre ambos socios?
-Hay una gran sintonía entre las dos partes, que a lo largo de este año han estado hablando sobre la renovación. Hay consenso y las dos partes comparten la valoración enormemente positiva de lo que ha supuesto la relación en estos más de 20 años. 
Se va a firmar por veinte años y no por diez, como preveía en principio el actual acuerdo de gestión. 
-Creo que es bueno para Bilbao, para Euskadi y para Nueva York, pero, por otro lado, es natural. Cuando las relaciones son a largo plazo, como ésta, el tiempo las debilita o las refuerza. En este caso se ha ido tejiendo esa relación, esa confianza y eso ha hecho que sea más intensa.
Un acuerdo que en algunos momentos ha peligrado. En la legislatura anterior, incluso hubo algunas voces que cuestionaron la marca Guggenheim. 
-Pues sí, no fue una relación especialmente cálida, pero afortunadamente no es ese el espíritu que hoy se respira. El hecho de que la Diputación de Bizkaia mantuviera la apuesta por el Museo y una buena relación con la Fundación neoyorquina ha ayudado mucho.
¿Qué balance haría del acuerdo actual? ¿En qué ha salido beneficiado Bilbao?
-Quien analice el estudio de viabilidad que se hizo en 1991 y el plan operativo que se elaboró en 1994 se dará cuenta de que se ha cumplido con todo lo previsto, incluso con más intensidad. Se hablaba de que iba a aportar una infraestructura con proyección internacional que ayudara a tener una presencia en el mundo, que ayudara a reconocer a Euskadi con un proyecto asociado a la cultura contemporánea... El año pasado hubo, por ejemplo, 20.000 noticias del museo en medios de comunicación internacionales, que llegaron a más de 3.500 millones de personas. El hecho de que del millón de visitantes anuales dos terceras partes sean extranjeros quiere decir que no es solo un elemento de orgullo y de apoyo económico, sino que también continúa teniendo un gran tirón internacional. Se pretendía que el Museo ayudara a Bilbao en su proceso de transformación urbana, que tiene un reflejo muy concreto en esta zona de Abandoibarra. Y el impacto económico es evidente; hasta el año pasado el museo había contribuido a generar un impacto de más de 3.500 millones de euros, lo que significa más de 40 veces el coste inicial, demostrando que la cultura puede ser un importante motor económico.
¿Y en qué ha beneficiado a Nueva York?
-Le ha aportado muchísimo. Ha demostrado que la estrategia de internacionalización que se empezó entonces era visionaria, que apostaba por un modelo que iba a ser viable y referencial en el futuro. Muchos de los que eran muy críticos entonces están haciendo exactamente eso ahora. Ese es el caso, por ejemplo, del Louvre, que tiene una expansión en Francia y en Abu Dhabi, el del Pompidou en Francia y en Asia... El museo bilbaino ha creado las pautas de funcionamiento de una institución cultural que trabaja en red con otras instituciones. La relación ha cambiado el paisaje cultural del mundo.
El acuerdo actual se firmó en 1994, tres años antes de inaugurarse el museo. Desde entonces han cambiado muchas cosas. ¿El nuevo acuerdo tendrá que adaptarse a la nueva situación?
-Una de las pautas es precisamente dar carta de naturaleza al papel y al nivel de autonomía de funcionamiento que el museo ha ido adquiriendo en estos años. Pero, a la vez, sin que eso implique que la relación del Museo con Nueva york se debilite. Durante este tiempo, se ha intensificado la relación, se ha generado confianza y uno de los elementos en los que se manifiesta esa confianza es que Bilbao ha sido capaz de ir asumiendo mayores cotas de autonomía en cuanto a funcionamiento. Esto hace que, 20 años después, la consecuencia normal sea darle cota de naturaleza a ese funcionamiento.
Hay quien ha acusado al Guggenheim Bilbao de mantener una relación de inferioridad con respecto a Nueva York.
-Hay personas que, cuando se habla de este funcionamiento en red, lo visualizan como un sistema planetario, donde hay un sol único, que es Nueva York, y unos planetas, que no tienen luz. Nosotros y Nueva York siempre lo hemos planteado como una constelación en la que hay diferentes estrellas con su luz. No se pretende que una deslumbre a otra. Que Bilbao haya sido capaz de asumir con éxito esa responsabilidad, esa autonomía, no va en contra de Nueva York. Al contrario, le refuerza la idea de que éste es un modelo sostenible, que funciona. 
En el futuro acuerdo se establece la colaboración del staff bilbaino en el funcionamiento con Nueva York y, en especial, en el ámbito artístico. 
-Hay una relación saludable y horizontal entre los staffs del personal de Nueva York y de Bilbao, fundamentalmente en determinadas áreas que son las que comparten más proyectos. Como la curatorial, que tiene una relación permanente y fluida con sus colegas de Nueva York, y lo mismo pasa con la educativa, y se pretende que, de cara al futuro, se intensifique. Hay otros departamentos que tienen menos conexión porque funcionan con coordenadas diferentes.
¿Está suficientemente representado Bilbao en la cúpula de la Fundación de Nueva York?
-Jon Azua forma parte del Patronato de la Solomon R. Guggenheim, es representante de las instituciones vascas en Nueva York y uno de los patronos más veteranos y respetados tanto allí como en el museo de Bilbao. Y hace seis años me nombraron director general de Estrategia Global de la Fundación neoyorquina, para encargarme de la puesta en marcha y desarrollo de las nuevas iniciativas estratégicas de la Fundación, como el proyecto en Abu Dhabi. Es una clara manifestación del peso y el papel que el museo ha ido adquiriendo en el funcionamiento de la Fundación neoyorquina.
¿Sigue repartiendo su tiempo entre Bilbao, Abu Dhabi y Nueva York?
-Así es, pero, afortunadamente, estoy asumiéndolo bien. Tengo el lujo de contar con un equipo extraordinario en Bilbao, que me ha facilitado mucho que lo pueda hacer.
En el acuerdo se plantea además “un nivel adecuado de financiación de las instituciones públicas para la adquisición de obras.
-Creo que es fundamental para el futuro del museo, es entendible que en momentos de situaciones difíciles como éstos, con recortes importantes en los presupuestos públicos, y en los que hay que atender otras prioridades, se disminuyan o incluso se supriman las adquisiciones de obras. Pero es verdad que mirando al futuro sería peligroso que eso se consolidara. Si se quiere que el museo dentro de 20 años pueda seguir en las mismas condiciones de salud y optimismo, es necesario que cuente con una importante colección propia. 
Acaban de cerrar el cuarto mejor verano de la historia en cuanto a visitas. ¿Piensan alcanzar este año el millón de visitantes?
-El verano fue estupendo en cuanto a visitas y, en general, el año va muy bien. Estamos un 6 o un 7% por encima de 2013; vamos a ver cómo acaba el año. Tengo ilusión, pero es pronto para decir si vamos a llegar al millón.
¿Qué papel ha jugado la programación artística?
-Este año, en concreto, ha sido muy importante. Llevábamos cuatro años en los que las reducciones en las aportaciones públicas se habían hecho notar. Entre 2009 y 2013, se produjo una reducción de más del 50% de las aportaciones públicas. Afortunadamente, tenemos un nivel de autofinanciación cercano al 70%, lo que implica que con los recursos generados por los propios visitantes y el apoyo a través de los Amigos y el patrocinio, nos permite afrontar mejor este tipo de situaciones. Ahora, cuatro años con menos aportaciones se empiezan a notar en la programación, por eso en 2014 hemos tenido la suerte de contar con un apoyo extraordinario de dos millones más de la Diputación de Bizkaia, que se han dedicado a reforzar la programación. Esto nos ha permitido mantener y recuperar unos niveles presupuestarios similares a los de 2009 y no tener que prescindir de exposiciones que considerábamos importantes, como la dedicada al artista francés Georges Braque.
¿Está contemplado el proyecto del Guggenheim de Urdaibai en el Plan Estratégico con horizonte en 2020? 
Sigue estando vigente una ampliación, pero no en términos de aumentar los metros cuadrados, sino para ampliar la posibilidad del Museo de propiciar experiencias complementarias a sus visitantes. Y por eso se pensó en este proyecto en Urdaibai, pero somos conscientes de la realidad y de las restricciones presupuestarias en las que las instituciones se tienen que mover. Éste es un proyecto que aquí y hoy por hoy solo se puede hacer si hay una apuesta pública; y si no la hay, también lo entendemos. No obstante, desde nuestro punto de vista sigue siendo un proyecto ilusionante y un sueño. Para el Museo y para Euskadi creemos que sería una buena apuesta, pero entendemos las limitaciones con las que nos encontramos.