sábado, 12 de julio de 2014

Un desfase prodigioso en el BBK Live...




The Prodigy anoche en Kobetamendi
The Prodigy anoche en Kobetamendi / Borja Agudo

  •  Alucinaciones químicas. Gente bailando extasiada en la pista, cuerpos que se mueven en trance entre sonidos industriales, algo machacones. Juegos de luces que hacen que todo adquiera cierta pátina como de película de ciencia ficción en la que se narra un futuro casi apocalíptico. Oscuridad. Subidones calculados al milímetro para que un personal fuera de sí alcance el cielo. Las campas de Kobetamendi se convirtieron ayer en la mayor discoteca conocida con The Prodigy, corrosivos cabezas de cartel de la segunda jornada de un BBK Live en el que todo cabe. Y casi nada sobra.

    Mucho antes de que los de Essex insuflaran su electrónica a un público predispuesto al éxtasis, la jornada había comenzado a la hora del aperitivo. Con legañas escondidas tras innecesarias gafas de sol, con mucho postureo y sin estar todavía recuperados de un primer día que se había alargado más allá de lo saludable, modernos de todo pelaje se congregaron en Jardines de Albia para asistir por la patilla al bolo mañanero del ciclo BBK Live Bereziak, que hoy regala a Novedades Carminha en la plaza del Arriaga a las 13.00 horas. Ni la resaca, ni la lluvia, ni siquiera los enervantes fallos de sonido pudieron con el maño Bigott, que sirvió un marianito de surrealismo con uno de esos conciertos bizarros a los que tiene acostumbrados a sus incondicionales.

    A la tarde, ya aquí arriba, el australiano Chet Faker se encargó de abrir un cartel que había provocado más de un levantamiento de ceja desde que se dio a conocer la alineación para el viernes. Y con razón. La mezcla del folk con actitud de Frank Turner, del rock de estadio de los recién llegados Bastille, del rollo surfero de Jack Johnson, de la caústica electrónica de The Prodigy y unos Foster The People especialistas en hacer botar a la chavalería parecía indigesta. "Prodigy no pintan nada hoy", resumía contundente Aitziber a las tras el concierto de 1975, los primeros en pisar el escenario grande de la tarde. "Es música para pastilleros", apostillaba su amiga Naiara tirando de simplón argumento.

    Un bebé roquero






A pesar de la dispar programación, todo el mundo parecía sentirse en su lugar. Incluso la diminutísima Sofía, con toda probabilidad, la festivalera más joven de la cita. Con apenas cuatro meses, sus osados progenitores, una joven pareja de Madrid se la trajo al festival. "No teníamos a nadie con quien dejarla y no queríamos perdernos el festival", aseguraba su padre, con el bebé amarrado al pecho mediante uno de esos trastos que le hacen parecer a uno una especie de marsupial. Lo cierto es que la criatura, protegida con unos enormes cascos rosas, dormía plácidamente en su regazo tras el concierto de Frank Turner, el tatuado bardo de Meonstoke que se atrevió, incluso, a cantar en euskera y en el que, ¡qué me aspen!, evitar dejarse llevar por su endiablado 'I still believe' fue terriblemente complicado. Para echar el rato con el simpático Frank, Sofía y el que escribe tuvieron que pasar del Bready Eyes Connor Oberst, pero la gente cuenta que no defraudó en el tercer escenario.
Hubo quien no quiso perderse a Bastille a pesar de no tener entrada. Un par de muchachas, jaleadas por la muchedumbre que hacía botellón en el entorno del recinto, quisieron protagonizar su particular salto a la valla del BBK Live. Pero su incursión terminó frustrada por la Policía. No pudieron ver a un Dan Smith on fire que, cual Rocky indie, se puso una sudadera y, encapuchado, se cruzó la muchedumbre entre brazos y móviles para subir a la torre de sonido y cantar desde allí uno de sus temas. Pero la gente no estaba para monerías y prefería que los de Londres se limitaran a cubrir expediente y entonaran ese 'Pompeii' de tintes épicos. "La de eoeoeo', aullaba un tipo al que ni siquiera ese revival discotequero de 'Of the night' parecía contentarle. Y llegó el temazo y con un "Eskerrik asko" Smith y los suyos se despidieron.
Vodka volador
Tocaba entonces decidirse. O Jack Johnson o Izal. Algunos grupos se tuvieron que separar y con la cobertura fallando unas veces sí y otras también, era difícil comunicarse. Hubo quien tiró de imaginación para solventar el pequeño drama. "No funciona el whatsapp, así que utilizamos los walkie-talkies", explicaba Hugo de Madrid. Corto y cambio. Tirando de una picardía bastante más dudosa, se pudo ver alguna que otra botella de vodka volador que llegaba desde fuera del recinto a pesar del férreo control del batallón de seguridad de la organización. Quizás fuera para animar el impecable bolo deJack Johnson, que trajo a las campas de Kobetamendi su rock surfero y, a pesar de la tímida lluvia, sumió al personal en un dulce y cálido letargo de brisa marina con temas como ese 'Better together' que quizás se disfruten mejor en la intimidad del hogar. A la vez que el de Hawaii, el gasteiztarraMikel Izal y los suyos reventaron la carpa Sony y demostraron que aquel escenario se les quedaba pequeño con una muchedumbre entusiasmada, que lo dio todo con ese 'Qué bien' buenrollero.
Algo amodorrados todavía, los Foster The People despertaron al personal con un arsenal de temones de esos que lo petan entre la muchachada. Abrieron fuego con 'Helena beat' y un "¿Qué pasa Bilbao?" para meterse en el bolsillo a un público que no paró de botar con una especie de inquietante palo luminoso en ristre. Todo como muy de ambiente de disco light. Y después de la sesión para la chavalería llegó el subidón adulto a lo Matrix de The Prodigy, que dejó exhausto a un público que buscó refugio en el vaivén de El Columpio Asesino. Quizás alguno se columpió demasiado ímpetu, porque ya bien entrada la madrugada más de uno buscaba un rincón para echar hasta la primera papilla y justo al lado de uno de los baños, un joven dormitaba en el suelo con la cara peligrosamente cerca de un charco. Y no era de lluvia. Qué importante es una retirada a tiempo.