martes, 21 de julio de 2015

Artistas donostiarras se 'exilian' en Bilbao




Hace un mes el Museo de Bellas Artes de Bilbao presentaba un gran paquete de donaciones y depósitos entre los que destacaban las obras de varios donostiarras: Marta Cárdenas (1944), Gonzalo Chillida (1926-2008) y Andrés Nagel (1947). Desde entonces mucha gente se ha preguntado por qué la pinacoteca bilbaína ha sido la elegida y no, por ejemplo, el Museo San Telmo.
Un par de semanas más tarde, Cárdenas, en el mismo marco, en el acto público para hacer oficial la donación, comentó que se había decantado por el centro bilbaíno porque «al llamar a las instituciones de San Sebastián, me dijeron que nadie podía quedarse con mis trabajos (300 obras en papel y 55 cuadernos)». Entonces las alarmas saltaron: ¿Desde Gipuzkoa se estaba rechazando la obra de reconocidos artistas?
Dolida con San TelmoLa artista explica que «en principio quería que mi obra estuviera en San Sebastián, pero no tenía muy claro dónde se podía albergar. Hablé con el director del Koldo Mitxelena, Frantxis López de Landatxe, quien me comentó que por parte de la Diputación lo veía muy complicado. Pensé en Arteleku, pero ha desaparecido. Me dirigí al nuevo centro que ha derivado de él, Kalostra, también me indicaron que era imposible».Ahora, Cárdenas explica las razones por las que ha tomado esa decisión, que parecen una mezcla entre la preocupación por preservar su delicada obra, la necesidad de despejar el garaje donde trabaja para poder pintar lienzos de grandes dimensiones que presentará en la exposición que realizará el año que viene en la Sala Kubo-Kutxa, su malestar con alguna institución y un espíritu algo impulsivo.
Preguntada por qué no había recurrido a San Telmo afirma que «ni se me ocurrió hablar con ellos». La razón: está muy dolida con el museo donostiarra. «En su depósito tiene tres o cuatro cuadros míos que no se han expuesto nunca, jamás, desde que se hizo la reforma (hace cuatro años) e incluso antes. Entonces, ¿por qué les tenía que ceder mi trabajo?». También reconoce que no se dirigió directamente al responsable del Bellas Artes, Javier Viar. «Quien mejor me atendió y con mayor amabilidad fue Miguel Zugaza, el actual director del Prado. Hace años estuvo al frente del museo de Bilbao y me organizó varias exposiciones. Es muy amigo mío. Consideró que la mejor alternativa era llevar mi obra a Bilbao». La donación incluye trabajos de todas sus etapas creativas hasta el año 1997, cuando tras un viaje a la India, dio un giro a sus planteamientos. En la presentación ya señaló que «todo lo que sigue está en mi casa porque necesito tener cerca mi obra última para seguir trabajando en ella».
Cárdenas afirma contundente que «no tengo nada contra San Sebastián, ¡Dios me libre! Me gusta muchísimo y si pudiera viviría todo el año ahí. Pero no me da pena que gran parte de mi legado no se encuentre en mi ciudad. Bilbao está ahí al lado y admiro mucho el Museo Bellas Artes. Estoy muy contenta con la decisión que he tomado. Es una pinacoteca de referencia en España. Es el segundo museo después del Prado, no solo por sus contenidos sino por la gestión que tiene desde hace años. La competencia entre Bilbao y San Sebastián me parece un poco ridícula. El Bellas Artes ha tenido menos en cuenta la última moda y se ha preocupado por los corredores de fondo, por los que tenemos un recorrido serio y profesional. Además, creo que Donostia ha pasado un momento malo con Bildu. Ha determinado muchos de los aspectos que ahora están pasando en el arte».
Reitera que se siente decepcionada con San Telmo porque «ha tenido una relación muy poco adecuada conmigo. Formo parte de la Asociación de Amigos de San Telmo y tengo una relación estupenda con su presidenta, Monserrat Fornells. No conocía a su actual directora, Susana Soto, pero creo que no ha estado bien conmigo, no ha tenido una reacción positiva. No se puede tener a un artista metido en el depósito sin enseñarlo jamás». Tras sus declaraciones en el Bellas Artes, Soto se puso en contacto con la artista donostiarra. «Me dijo que estaba muy dolida y no entendí por qué».
Revisar la situación
Desde San Telmo no quieren incidir mucho en el tema para no crear polémica. Su directora explica que «cuando leí la información en la que Marta Cárdenas decía que ninguna institución de aquí quería su obra le llamé por si había habido algún error, que se había puesto en contacto con nosotros pero que por algún fallo no nos habíamos enterado. Me dijo que no y me explicó sus razones. Quedé en que revisaríamos la situación para intentar solucionarla y así se quedó la cosa».
Otro de los aludidos por la pintora, Frantxis López de Landatxe, comenta que «es cierto que hubo una conversación con Cárdenas sobre esta cuestión, pero fue dentro de una charla mucho más amplia y este fue el tercer o cuarto tema. Con ella tenemos muy buena relación y hablamos habitualmente. Parte de los cuadernos que ha donado son los que expusimos nosotros en la Ganbara en 2004».
El responsable del Koldo Mitxelena recuerda que «el año pasado me comentó que tenía miedo de que los dibujos y cuadernos se estropearan por la humedad y que estaba buscando un lugar donde poder alojarlos. Estaba claro que en el KM no teníamos sitio, pero le hablé de la posibilidad de que se guardaran en Gordailua, que entonces estaba debatiendo cómo iba a repartir los espacios. Le dije que esperara a que se tomara esa decisión, que serían unos meses y que se le trataría con gran cariño, que después de tanto tiempo, por retrasarlo unos meses, las obras no se iban a deteriorar. Además, en principio solo iba a ser un depósito. Me sorprendió cuando escuché que los había donado. Marta Cárdenas tiene un carácter bastante impulsivo y puede que eso le haya llevado a tomar una decisión tan rápida».
Obras de Gonzalo Chillida
La familia de Gonzalo Chillida también consideró que el Bellas Artes de Bilbao era, como explica su hija Alicia desde Nueva York, «el museo que presentaba una mejor infraestructura para la conservación y exhibición de la obra de nuestro padre». También tuvieron en cuenta que la pinacoteca había dedicado una gran retrospectiva de la obra del pintor en los años 90 comisariada por Jorge Barandiarán y Miguel Zugaza.
En el caso del pintor donostiarra sus herederos han optado por hacer un depósito o comodato de 500 obras y una donación de otras tres, -una marina de los 90 y dos bodegones de los 50-. Otra donación que han hecho es de un cuadro de Vicente Ameztoy que representa a dos bailarinas vascas con la cara de Arias Navarro, presidente del último gobierno de Franco, y una plantación de pino insignis delante de la refinería petrolífera de Muskiz.
Los herederos de Gonzalo Chillida contemplaron la posibilidad de trasladar la obra de su padre a Gordailua, pero esta instalación todavía no estaba en funcionamiento por lo que decidieron decantarse por el Bellas Artes.
De Ruiz Balerdi y Nagel
Una de las precursoras de esta modalidad de llevar la obra a la institución bilbaína fue la heredera de Rafael Ruiz Balerdi (Donostia, 1934-Altea, Alicante, 1992), Hilda Koch, que donó en 2004 un excepcional conjunto de obras del pintor -3 óleos, 3 tizas, y 2.375 obras de papel, es decir dibujos, grabados y acuarelas- y dejó en depósito a largo plazo 240 óleos más. En el paquete presentado hace un mes también se incluían 34 obras -18 estampas y 16 esculturas- de Andrés Nagel.
Esta donación tenía un marcado carácter sentimental. El artífice de esta donación fue José Tasende. Cuando en su galería de La Jolla, en California, vendía una obra del donostiarra, él compraba otra. Con la donación, el estadounidense ha homenajeado a su madre, la bilbaína Ángela Tasende Elcoroiribe. Ambos salieron en un barco hacia Nueva York en 1946. Residieron muchos años en México. A ella le gustaba el museo y el parque de Doña Casilda y le transmitió ese amor a su hijo, un galerista especializado en artistas del siglo XX como Henry Moore, Niki de Sain Phalle o Eduardo Chillida.