viernes, 5 de junio de 2015

"La cultura es prioritaria para el desarrollo de una sociedad"




Cambiar de país se asocia a la escasez de alternativas. La decisión forzada encabeza los relatos de emigración. Pero no siempre es así. En ocasiones, cambiar de país, de ciudad, tiene que ver con todo lo contrario: con la libertad de elección, las posibilidades diversas y el placer de escoger un lugar para vivir después de haber sopesado las opciones. ¿Cuesta? Sí. Elegir siempre implica una renuncia. ¿Se siente nostalgia? También. Los afectos siempre quedan a distancia. ¿Merece la pena? «Sin duda. Sobre todo, si encuentras tu sitio».
Lo dice Joshua Edelman, un reputado pianista, compositor y productor de jazz estadounidense -«de Manhattan», puntualizará él- que decidió vivir en Bilbao hace cinco años y medio. «He viajado mucho y he vivido en unos cuantos lugares -relata-. Hace dieciséis años conocí a mi mujer, Cristina Santolariam en Madrid. Ella es periodista y gestora cultural, y es vasca, aunque entonces vivía en Málaga. En estos años, hemos cambiado de residencia varias veces. Vivimos en Málaga, en Madrid, en Nueva York... Hasta que hace ocho años tuvimos niños, gemelos».
«Además, Bilbao es una ciudad muy cómoda para vivir. Está hecha a escala humana, es limpia y tiene un sistema de transporte público estupendo. Yo estaba acostumbrado a las ciudades grandes, que tienen sus cosas buenas desde luego, pero que son más complicadas para la vida cotidiana. Nueva York, por ejemplo, ofrece muchísima actividad intelectual, cultural y artística, pero al mismo tiempo es muy competitiva, tiene un clima extremo, te demanda mucha energía. Y Bilbao, aparte de ser cómoda y amigable, es una ciudad en transformación que transita de lo industrial a lo turístico y empresarial, al mundo de los negocios y al crecimiento de lo cultural. En ese sentido, tiene una clara trayectoria ascendente».El cambio familiar supuso un cambio de vida... y de entorno. «Le dimos muchas vueltas al asunto de dónde queríamos vivir y criar a nuestros hijos. Finalmente, escogimos Bilbao. Aquí están las raíces de mi mujer, también está su familia y es un sitio fabuloso para hacer actividades al aire libre. La naturaleza está por todas partes; en especial, el mar», remarca Joshua. «Yo nací en Manhattan y crecí a dos pasos del río Hudson, que desemboca en la bahía, de modo que vivir aquí me ha permitido reencontrarme con ese aspecto, ese momento de la vida», señala.
Joshua hace esta descripción con el convencimiento de haber elegido bien. Aquí ha fundando el Jazz Cultural Theatre of Bilbao, un centro de enseñanza, integración y difusión del jazz de marcado carácter internacional, pero con raigambre local. «Trabajamos para integrar el jazz en la ciudad, pero desde otra óptica, no sólo la musical. Traemos gente de fuera a dar cursos y conciertos, pero también trabajamos mucho los elementos folclóricos, como la tradición oral, que están en el trasfondo del jazz».
Tejer cultura
El objetivo que se ha marcado es «integrar» este estilo, esta propuesta, en Bilbao. Y, cuando habla de integrar, no se refiere a un festival o un concierto puntual, sino a entrelazar esta expresión en el tejido cultural de la ciudad. «La cultura es más que ocio -indica-. Es lo que nos diferencia y, sin embargo, se considera como un asunto al margen de las prioridades. La cultura aporta calidad de vida y estimula el crecimiento, incluso el económico. Desde mi punto de vista, la cultura es prioritaria para el desarrollo de una sociedad».
Y la música, como parte de la producción cultural, da buena cuenta de lo que ocurre en el plano social, lo aprovecha y lo convierte en creatividad. «El jazz tiene mucho de trabajo en equipo, de observación, de sensibilidad... Te enseña a escuchar, respetar y querer, a saber cuándo ser el protagonista y cuándo ser el acompañante -describe con dulzura-. La música tiende lazos y puentes, incluso entre diferentes culturas», añade.
No en vano, su séptimo álbum lleva por nombre un sugerente nexo: ‘Manhattan Bilbao Jazz-Zubia’. «La música es el reflejo de nuestras vivencias -explica-. En este trabajo se ve muy bien la fusión natural, respetuosa de distintos estilos, tradiciones e idiomas. Conviven el jazz, la música clásica, el folclore vasco, la música cubana y la brasileña, el hip-hop, la sonoridad andaluza y la poesía. En el escenario, somos catorce personas y la mitad de nosotros pertenecemos a la misma familia», describe. «Pero, más allá de este detalle, este proyecto en particular es un homenaje a la diversidad, tan rica, tan actual».