domingo, 8 de junio de 2014

La Primera Guerra Mundial en Bilbao









Los espías de Berlín, Viena, Londres y París se vigilaron unos a otros por toda la costa cantábrica; pero el servicio secreto francés descubrió que en la capital vizcaína había un equipo de informantes enemigos "grandioso". El presidente de la Diputación, Ramón de la Sota, un reconocido simpatizante de la causa aliada, tuvo que organizar una red de agentes para contrarrestarlo. La existencia de esa organización fue confirmada a un visitante francés a través de Manuel Aznar Zubigaray (abuelo del presidente del Gobierno del PP). Manuel Aznar era entonces corresponsal militar del periódico 'Euzkadi' (PNV) y llevó al huésped del país vecino a su redacción para presentarle a un político local. Éste le contó que había una red de contraespionaje y que el cónsul británico estaba al corriente.
El País Vasco era un hervidero. Los aliados tenían puestos de 'escucha' en Eibar, donde había fábricas de armas; en Gernika-Amorebieta, Las Arenas-Plentzia, Bermeo y San Sebastián-Irún. Se decía que el faro de Pasaia hacía señales extrañas y por ese motivo se alertó a los mercantes aliados y se les recomendó disimularan su artillería cuando entraran en los puertos del norte de España.
En la capital vizcaína también hubo luces sospechosas en 1917. Se creía que los alemanes tenían equipos de radiotelegrafía en la Universidad Comercial de Deusto, en Plentzia, en los alrededores de Algorta, en la playa de Ereaga y hasta en la casa del carlista Manuel Lezama y Leguizamón en Neguri.



En Bizkaia residía una colonia alemana cercana a los carlistas que organizó una poderosa estructura logística. El cónsul Wilhem Eickhoff y Benito Lewin, hermano del cónsul en San Sebastián y ejecutivo de la Compañía de Alcoholes de Bilbao, utilizaron la empresa bilbaína Amann y Gana para suministrar combustible a los submarinos alemanes mediante operaciones clandestinas que se efectuaban desde el puerto de Plentzia.
Los aliados tampoco quitaron ojo a un ingeniero radicado en Bilbao, Wilhem Wakonigg, cónsul honorario de Austria-Hungría. Su misión era procurar minerales a las industrias germanas. "Por estas actividades -relatan González Calleja y Aubert-, Wakonigg mantuvo una fuerte rivalidad con el cónsul Eikhoff".
Este último protagonizó una curiosa historia en 1915 al comprar un vapor por 80.000 pesetas. El barco, llamado 'Marcela', zarpaba de Bizkaia para transportar suministros (aceite y alquitrán) a los sumergibles alemanes que merodeaban por la costa gallega. La operación era posible porque el director de Aduanas de Bilbao hacía la vista gorda. Cuando los aliados descubrieron lo que ocurría, Eikhoff vendió el 'Marcela' a un cura de Zumaia "antiguo capitán de barco y feroz carlista". Sin embargo, los buques de guerra franceses estaban sobre aviso e intimidaron al vapor, levantando bastante polvareda en la prensa.
En el País Vasco se concentraron durante la guerra muchos soldados alemanes que huían de los campos de prisioneros de Francia. González Calleja y Aubert relatan que entre 500 y 600 de ellos se agruparon en Portugalete, donde la población no debía de simpatizar con los franceses. Esperaban ser repatriados en el barco alemán 'Frankenwald', que estaba atracado en la dársena de Axpe junto a otras naves de la misma nacionalidad.
"Los prisioneros alemanes evadidos de Francia y refugiados en España -recuerda el libro 'Nido de espías'- eran tan numerosos que el cónsul alemán en Bilbao hubo de suprimirles la subvención de dos pesetas diarias en septiembre de 1918". No tuvo que ser tan terrible, ya que Alemania se rindió apenas dos meses después.