sábado, 3 de enero de 2015
viernes, 2 de enero de 2015
El Guggenheim Bilbao superó el millón de visitantes en 2014
Según ha informado hoy la dirección del Museo, el Guggenheim Bilbao ha superado por sexta vez en su historia la barrera del millón de visitantes, y este dato está por encima de las previsiones establecidas para el ejercicio, que se situaban en 930.000 entradas.
Los extranjeros que visitaron en 2014 el Museo procedían fundamentalmente de Francia (18 %), Gran Bretaña (7 %), Alemania (7 %), Estados Unidos (7 %), Italia (4 %) y Portugal (3 %).
El nivel de afluencia de personas procedentes del País Vasco aumentó el pasado año un uno por ciento respecto a 2013, hasta alcanzar el 13 por ciento, mientras que el porcentaje de visitantes del resto de España se mantuvo en el 23 %.
Las exposiciones temporales que mayor número de visitantes recibieron en 2014 fueron las de Yoko Ono "Halk-A-Wind Show. Retrospectiva", que fue vista por 613.754 visitantes, y la de Georges Braque, que atrajo a 397.364 personas.
Un total de 442.033 personas participaron el pasado año en alguno de los programas educativos que desarrolla el Museo para diferentes colectivos.
El Museo ha destacado la apertura en 2014 del nuevo espacio educativo diseñado por Frank Gehry, que ocupa dos plantas de la antigua tienda librería y alberga talleres escolares y para familias, así como el programa "Baby art", los cursos de introducción a la arquitectura para niños, los talleres creativos para adultos y las sesiones de formación, charlas y proyecciones audiovisuales.
En un comunicado difundido hoy, el Museo Guggenheim valora como "muy positivo" el apoyo recibido de las empresas, que supone un "pilar fundamental" en su financiación, y señala que se ha mantenido estable en 2014, con 109 miembros corporativos.
Respecto al impacto económico del Museo, el total del gasto directo como consecuencia de su actividad en Euskadi ha sido de 336,8 millones de euros y la aportación al PIB ha ascendido a 297 millones, cifras que han generado unos ingresos adicionales para las haciendas públicas vascas de 45,7 millones de euros.
Según la dirección del Museo, su actividad ha contribuido al mantenimiento de 6.375 empleos, y el Guggenheim Bilbao sigue siendo líder entre las instituciones culturales europeas en su nivel de autofinanciación, que en 2014 se situó en el 64 por ciento
martes, 30 de diciembre de 2014
Agirregoikoa cuestiona las distintas definiciones de cultura
Tras la Bienal de Sao Paulo (Brasil), que le ha restado gran parte de sus energías en 2014, Juan Pérez Agirregoikoa recala una vez más en Bilbao. Hasta el 31 de enero la galería Carreras Mugica muestra dos animaciones suyas que ya se exhibieron en el Museo Reina Sofía de Madrid, hace dos años: The culture lovers y Eraser, dos vídeos que hablan de lo mismo pero desde ángulos distintos, tal y como desvela el artista: “Se trata de reflexionar sobre el concepto de cultura que heredamos, sobre las diferentes formas de manifestarse, sobre su caducidad, sus funciones, las mentiras que hay detrás de eso”. “Para mí -explica el donostiarra- la cultura es una gran putada que nos vamos pasando de padres a hijos. Como transmisión es terrible. Lo asumes o vas contra ello, pero es difícil evitar eso. Tus padres te intentan educar de una forma, luego llegas tú y dices que no, que no quieres eso para tus hijos, y haces otra cosa, y ellos harán otra distinta... Y nos cuesta despegarnos de todo eso que nos han inculcado”, apunta Agirregoikoa.
El artista parte de la experiencia propia, y en la pieza The culture lovers, por ejemplo, trata de desenmascarar “la ilusión antisistema de subculturas juveniles supuestamente alternativas como la de los skaters, en realidad plenamente integradas y mercantilizadas. Creen que están haciendo cultura y lo que hacen es mercado. Yo he sido skater, pero lo que hacíamos nosotros no tenía nada que ver con lo de ahora”.
Mientras, en Erased relaciona el acto de destrucción de los Budas de Bamiyan por parte de los talibanes, en 2001, con un gesto ya mítico, el realizado por el pintor estadounidense Rauschenberg al borrar, en 1953, un dibujo de De Kooning, supuestamente para convertirlo en otra obra. “Pero fue un acto poético, tal y como reveló él más tarde”, aclara Agirregoikoa. “La gente pensaba que era un gesto contra el expresionismo abstracto, pero era poesía”.
“Cuando pensé en la destrucción de los budas me acordé de la frase de Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, porque es falso marxismo: destrozaban lo sólido y profanaban lo sagrado, sí, pero para sustituirlos por otro tipo de creencias o para establecer otro orden cultural. Lo que para unos es cultura para otros es salvajismo”, manifiesta Agirregoikoa.
La obra tiene también detalles burlescos, como una exhibición de artes marciales o la presencia de personajes que parecen salidos de la serie Comando G. El artista matiza sobre este aspecto: “Es verdad que la obra tiene ironía, pero detrás siempre estoy hablando de cosas serias y hasta dramáticas”.
SIN ESTILO
Tras su paso por la Bienal de Brasil, el donostiarra ya piensa en su próximo proyecto. “No quiero repetirme, no quiero tener un estilo. Reflexiono sobre cosas que me preocupan o que me afectan, pero cada proyecto es como un problema solucionado, ya no es mío, es como quitarse un peso de encima. El próximo proyecto que tengo en mente se conformará en torno a la República de Platón, es decir, en cómo gobernar. Los proyectos anteriores ya los he abandonado, incluido este”.
Además de las animaciones de Agirregoikoa, la galería bilbaina expone también una amplia muestra de piezas de Pello Irazu (Andoain, 1963), que podrán visitarse hasta el 20 de enero.
lunes, 29 de diciembre de 2014
viernes, 26 de diciembre de 2014
Lyon quiere su ‘efecto Bilbao’ con el Museo de Confluences
EN 1999, Lyon estableció conversaciones con el entonces director de la Fundación Solomon R. Guggenheim, Thomas Krens, para abrir un nuevo Guggenheim. La ciudad francesa quería su efecto Bilbao. El poder de atracción turística que el museo había demostrado poseer en la capital vizcaina hizo que el alcalde de Lyon, el antiguo primer ministro Raymond Barre, estuviera dispuesto a desembolsar 2.000 millones de francos (unos 50.000 millones de pesetas) para levantar un gran edificio que acogiese una colección propia y los fondos de la red Guggenheim. La ciudad gala ya contaba con un excelente museo de arte contemporáneo y con la Halle Tony Garnier, un gran espacio artístico, pero aspiraba a lograr un impacto urbanístico y económico similar al obtenido en Bilbao con el Guggenheim. Las negociaciones no llegaron a buen término y Lyon no superó el complejo que le causó la inauguración del Guggenheim Bilbao. El fantasma del Guggenheim le ha perseguido durante todos estos años.
Aparcada la posibilidad de contar con un nuevo Guggenheim, Lyon ha buscado su proyecto cultural estrella. El reto consistía en transformar un territorio que durante mucho tiempo ha sido dedicado al uso industrial en uno de los nuevos centros neurálgicos de la comunidad urbana lionesa o Grand Lyon. Así surgió el Museo de Confluences, que acaba de abrir sus puertas, tras más de diez años de retraso y un coste cuatro veces mayor que el presupuesto inicial.
Ubicado en una península donde se produce el encuentro de los ríos Ródano y Saona, ha hecho falta una inversión de 17 millones de euros anuales durante quince años para abrir las puertas de este edificio, que ha sido concebido por el gabinete austríaco Coop Himmelb(l), que dirige el arquitecto Wolf Dieter Prix, uno de los estandartes de la escuela deconstructivista de la que Gehry es un destacado representante. El imponente edificio, bautizado como La nube, porque recuerda a una nave espacial de La guerra de las galaxias.
“Teníamos la posibilidad de elegir una arquitectura más clásica, pero nos dejamos llevar por el fantasma de Bilbao”, confesó el vicepresidente del Consejo General del Departamento del Ródano, Jean-Jacques Pignard. Pero los responsables del museo son conscientes de lo que supone marcarse como listón el éxito obtenido por el Guggenheim bilbaino, por ello, la directora del Museo de Confluences, Hélène Lafont-Couturier, rebaja las expectativas y asegura que aspiran a atraer a medio millón de visitantes al año. Desde que abrió sus puertas, por el Guggenheim Bilbao han pasado más de 17 millones de visitantes, lo que supone una media de un millón de personas al año.
“Nuestro objetivo es, al menos, estar a la altura del Louvre de Lens y el Pompidou de Metz”, señaló la directora del Museo de Confluences en referencia a otros dos centros de arquitectura rompedora que se han abierto recientemente en Francia.
La originalidad del concepto del Museo de Lyon reside en la confluencia de disciplinas, épocas y civilizaciones con un hilo conductor: la aventura humana. En sus 23.000 metros cuadrados de superficie conviven cuatro exposiciones permanentes denominadas Orígenes, Sociedades, Especies y Eternidades en las que se exponen meteoritos, minerales, animales embalsamados, máscaras rituales, dinosaurios, IPhones, sarcófagos egipcios... El museo posee una colección de más de dos millones de piezas, aunque solo se exponen al público 4.000.
EL MILAGRO GUGGENHEIM Desde que abrió el museo bilbaino, urbes de todo el mundo se han lanzado a la construcción de edificios de autor buscando el tan ansiado efecto Guggenheim. En el Estado, en la última década se ha entablado una guerra feroz por contratar a un arquitecto estrella que emule el milagro de Gehry en Bilbao. Así, Valencia optó por Calatrava; Santiago de Compostela, por Eisenman; Zaragoza, por Zaha Hadid; Avilés, por Niemeyer... Pero, la crisis ha tocado de lleno a estas grandes infraestructuras culturales convirtiendo estos proyectos estrellas en estrellados.
Otras ciudades han intentado contar directamente con un museo de la marca Gugenheim. Tal y como confesó a este periódico el director de la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, Richard Armstrong, “cada día nos llama alguien para preguntarnos por el efecto Bilbao. Y en los últimos años, 25 ciudades me han pedido seriamente un Guggenheim como el de la capital vizcaina. La mayoría son urbes que quieren o necesitan una regeneración, pero no todas pueden tener un Guggenheim. Además, no interesa tener cientos de museos Guggenheim en todo el mundo. Preferimos tener menos, pero potentes”.
De momento, la única candidatura seria es la presentada por Helsinki. En la actualidad, el proyecto finés se encuentra en fase de concurso arquitectónico y próximamente serán las autoridades finlandesas las que tendrán que decidir si quieren seguir adelante o no con el proyecto.
jueves, 25 de diciembre de 2014
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