jueves, 23 de febrero de 2017

El Arriaga abre sus puertas




Estancias del Teatro Arriaga vetadas al público, como la salida "Orient Express", dedicada a la recepción de altas autoridades, podrán ser conocidas por quienes participen en las visitas guiadas que se organizarán desde el próximo mes de marzo en este emblemático edificio de Bilbao.
Por primera vez, el Teatro Arriaga ha programado visitas guiadas a sus instalaciones, de manera regular, que comenzarán el próximo 4 de marzo y que serán los sábados y domingos, en grupos de un máximo de 30 personas y con un precio de entrada de 5 euros, 3 euros para las personas con movilidad reducida y gratis para jóvenes y estudiantes.
El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha encabezado esta mañana una visita institucional al Arriaga, "la joya de la corona", y ha animado a los vecinos y a los turistas a que "vengan, entren y toquen" el teatro municipal.
"Conociéndolo, lo vamos a sentir más nuestro y lo vamos a querer todavía más", ha dicho Aburto sobre un edificio "magnífico", con una "fisonomía extraordinaria".
De estilo neobarroco, el teatro fue construido en 1890 por el arquitecto Joaquín de Rucoba -autor también del edificio del Ayuntamiento de Bilbao-, sufrió un incendio en 1914 que obligó a su completa renovación, tras la que fue reabierto en 1919, y se vio sometido a otra profunda reforma al verse afectado de forma importante por las inundaciones de 1983.
Las visitas guiadas, de unos 50 minutos de duración, comenzarán en el vestíbulo del teatro, dominado por una escalera imperial a dos caras cubierta con una alfombra de la Real Casa de Tapices y en cuyo descansillo se erige un busto del compositor Juan Crisóstomo de Arriaga, que da nombre al edificio.
Junto al busto hay un espejo en cuya parte inferior hay una marca que recuerda dónde llegaron las aguas en las inundaciones de 1983.
Desde allí se accede al foyer del teatro, una primera planta que mantiene el estilo arquitectónico del edificio y en la que se ha acondicionado una salita con fotografías históricas de este edificio, con categoría de monumento.
Los visitantes conocerán después la sala principal del Arriaga, de estilo italiano, en forma de herradura, con un patio de butacas que tiene 1.650 localidades, aunque el aforo suele reducirse a 1.200 asientos para asegurar la visibilidad del público, dado que algunas columnas dificultan la visión desde algunas butacas.
Las columnas, precisamente, son un guiño del arquitecto a Bilbao, dado que tienen una estructura de hierro que fue realizada en la fábrica de Santa Ana, en el barrio bilbaíno de Bolueta.
El recorrido incluye una parada en el escenario, quizás el único de Europa que lo tiene en la segunda planta del edificio. Se hizo así porque, en su origen, los bajos del teatro fueron reservados a locales comerciales para su financiación y porque la construcción del foso para la orquesta habría obligado a hacer una dificultosa excavación subterránea por la proximidad del teatro a la ría.
Para las visitas guiadas se ha habilitado una salita en la que puede contemplarse una pequeña exposición de trajes de ópera y teatro.
El itinerario por el interior del Arriaga finaliza en una zona habitualmente vetada al gran público, como es la salita Orient Express, llamada así por su semejanza con un vagón de tren antiguo y que está reservada para recibir a las "máximas autoridades" -la reina Sofía, por ejemplo, ha estado en varias ocasiones- por su proximidad al palco de honor.
"Yo todavía no me he sentado en el palco de honor ni he entrado en esta salita", ha comentado divertido Aburto poco antes de acceder a la Orient Express.
El alcalde ha estado acompañado en la visita por personalidades del ámbito cultural de Bilbao, como el director del Museo de Bellas Artes, Javier Viar, el director del Palacio Euskalduna, Jon Ortuzar, y el bailarín Igor Yebra.
Con el inicio de estas visitas guiadas, el Arriaga se ofrece como "referente turístico ineludible", del que se ofrecerá información en la oficina de turismo y hoteles, será incorporado a las rutas de Bilbao Turismo, así como en guías y revistas, y será promocionado en webs.

Elena Mendizábal y Mónica Ortúzar en LA TALLER, Bilbao









miércoles, 22 de febrero de 2017

Los escaladores del Museo Guggenheim de Bilbao



De siempre, la gran afición de Julián García, nacido en Alosontegi (Vizcaya) hace 38 años, ha sido la escalada. Poco podía imaginar que este entretenimiento se convertiría en una profesión, con la que se gana la vida, y que se dedicaría a escalar el edificio arquitectónico más importante de Bilbao, uno de los más emblemáticos de España y un icono del siglo XX: el Museo Guggenheim. García forma parte del equipo de escaladores que se dedican de las labores de mantenimiento y de limpieza de este complejo edificio, de 24.000 metros cuadrados, de formas retorcidas y curvílineas, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry, a pie de la ría de Bilbao. El continente apabulla, con unas recubiertas de piedra caliza, láminas de cristal y planchas de titanio en la fachada, que conforman una estructura de volúmenes retorcidos.
Se cumplen ahora 20 años, desde que el Guggenheim fue inaugurado en octubre de 1997, y la pinacoteca envejece bien. La clave está en el mantenimiento. Así lo explica el subdirector de este área en el museo, Rogelio Diez. “Desde el primer momento, cuando se planteó el diseño del museo se incluyó el mantenimiento y la limpieza dentro del proyecto. Es algo que, debido a las características del edificio, no se puede improvisar, aunque cuando comenzamos no existían las técnicas que ahora existen”.
Los escaladores del Museo Guggenheim de Bilbao
De todos estos trabajos, que incluye mantenimiento integral, limpieza y jardinería, así como la gestión técnica de eventos, técnicas verticales, iluminación arquitectónica o la gestión de residuos, se ocupa, desde la inauguración del museo, Ferrovial Servicios, que destina a estas labores a una plantilla de 43 trabajadores. Cuatro de ellos se dedican sobre todo a desplazarse en vertical con la ayuda de unas cuerdas por la fachada de titanio del edificio, con el fin de que siempre estén en perfecto estado. “Tenemos zonas a las que es muy difícil llegar utilizando las plataformas, que se emplean habitualmente para la limpieza de cristales en los edificios altos, tampoco queríamos utilizar este tipo de andamios porque no resultan estéticos”, añade Diez, quien relata una anécdota que le sucedió en Eurodisney. “En la torre de Blancanieves había un andamio, por lo que si te hacías una foto siempre salía de fondo. Por eso, cuidamos no frustar las fotos de los visitantes. Evitamos las grúas y lo resolvimos con técnicas verticales, en las que trabajan personas dedicadas al montañismo, al alpinismo, y que se ocupan de limpiar sobre todo el polvo que reposa sobre el titanio y los cristales”, añade el responsable de mantenimiento.
“Es un trabajo apasionante, ya que los muros son espectaculares, el edificio da sensación de vacío, y nos permite ver el museo con otros ojos”, explica el escalador Julián García, cuya jornada laboral, colgado de una cuerda, es de seis horas, “lo máximo que puedes estar en esta posición”. Si el edificio tiene que lucir en todo su esplendor, tanto como las exposiciones que acoge en su interior, la escultura de arte natural que da la bienvenida a los visitantes en la plaza del museo, Puppy, el perro vertical de más de 12 metros de altura del artista Jeff Koons, ha de mantener sus flores y plantas siempre frescas. De este trabajo también se ocupa a diario Ferrovial Servicios.

domingo, 12 de febrero de 2017

Admiraban un carrito de limpieza en el Guggenheim creyendo que era una obra de arte_The visitors thought that the cleaning trolley was a piece of art.









Una confusión sucedida el pasado domingo en el Museo Guggenheim de Bilbao, ha causado que varios visitantes admiraran un carrito de la limpieza durante cuatro horas como si fuera una obra de arte.

La trabajadora del servicio de limpieza Matilda P.R. se encontraba haciendo su servicio en la galería principal del Museo cuando recibió una llamada urgente y salió corriendo dejando el carro de la limpieza en la mitad de una sala importante del museo.
Los visitantes, entusiasmados con lo que creyeron era una obra de arte extraordinaria, la admiraron rodeándola.

Un entendido ofreció 400.000 euros porque la consideró realista y llena de matices.
Así se mantuvo durante 4 horas.
Las personas que cuidan el museo intentaban que la gente no se acercara demasiado, ya que como es natural, no estaba protegida como suelen estarlo en otras ocasiones.



A confusion happened at the Guggenheim Museum in Bilbao when a cleaning lady received an urgent phone call and left, leaving the cleaning trolley in the middle of one of the most important room museum, so that the visitors thought that it was a piece of contemporary art and starting looking at it in admiration for about four hours.